tequila aqui no hay quien viva

Cuenta la historia de historia legendaria que hace bastante tiempo en Tequila las amas de la casa iban a la riese a lavar la ropa, pero era tan arriesgado que bastante gente se accidentaban conque para eludir que la gente se ahogaron se edificaron los lavaderos, la gente que tenían mucho más tiempo lavando son las que podían seleccionar su ubicación, Doña Félix quien desde los quince años lavaba siempre y en todo momento en exactamente el mismo lugar y además de esto se distinguía por dejar la ropa mucho más limpia y con un exquisito aroma pese a no emplear ninguna géneros de aromatizante ya que no se usaban en aquella temporada, razón por la que la multitud le pagaba por lavar su ropa pero ella asimismo lavaba la ropa de sus once hijos. La señora Félix se jorobaría bastante para lavar en relación envió a soliciar que le enviaran un ladrillo de su casa para usarlo como un peldaño, ahora en el año de 1988 Doña Félix dejó de lavar y cinco años después murió el 14 de mayo de 1993.

Tras su muerte el ladrillo comenzó a estorbarle a la multitud en relación la aventaban o movían hacia un lado pero este siempre y en todo momento volvía a su ubicación por eso mismo se toma la resolución de dejar el ladrillo configurado con cemento a los pies del lavadero de Doña Félix.

Mescal

Es una bebida clásico de Oaxaca, enseña la historia de historia legendaria que un rayo cayó sobre una planta de agave, abriendo y cociendo su centro, los originarios percibieron el perfume del néctar que manaba y tomaron el liquido que según ellos, sus dioses les habían regalado. De este modo nació el mezcal, escogido como el segundo mucho más representativo de México. Si bien esta bebida sirve asimismo como medicina clásica, es asimismo entre los indispensables en las fiestas mexicanas, y sucede que como afirma el dicho “para todo mal, un óptimo mezcal, y para todo bien, asimismo”, ni como negarnos.

Nuevo episodio del cosmos Warren de James Wan con un espectro que llora bastante en La Llorona

■ ROBERT THORNHILL

de regentar con eficiencia blockbusters revienta-taquillas tan distintas como Aquaman o Fast & Furious 7, como de hacer una saga de referencia con el gore alto a su expresión máxima como la de Saw, lo que rescatara a uno de esos individuos legendarios de la civilización precolombina que forma parte importante del folclore sudamericano como es la alarmante Llorona. Y lo realiza incorporándolo sin solamente estimar ese cosmos Warren que comienza a ramificarse sin solución de continuidad, rascando individuos de aquí y allí, en un desarrollo sostenido con películas cortadas por exactamente el mismo patrón que se autorreferencian.

Gastronomía en la Ruta del Tequila

Ruta del tequila

Una parte de entender la civilización y también idiosincrasia de los pueblos, es asimismo comprender su comida. En el viaje por la Ruta del Tequila vas a poder maravillarte con las exquisiteces de la región de Jalisco. Revela ahora, los más destacados sitios para comer en los pueblos que conforman este circuito turístico:

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Como tiende a suceder en trances similares, en la mitad de la obscuridad, la soledad del umbral, miré hacia en todas y cada una partes, tal y como si buscara a alguien que me explicara qué pasaba. Debía entenderlo: lo que pasaba era que allí se encontraba, fallecida, la casera de los ochenta. Decidí que sería mejor no tocar el bulto hasta el momento en que viniese alguien, otro, otros, a ofrecer fe de que se encontraba fallecida. Pero entonces —por mi cabeza en esos instantes corrían fallecidos que una vez vi, otros que en algún momento imaginé, otros de los que en algún momento me contaron, pero presenté que cabe tan próximo y al tiempo tan lejano como esa mujer fallecida que había caído prácticamente al lado de la puerta de mi celda—…, pero entonces me retardaría lo bastante, aguardando otro, otros, y de este modo ella moriría, si todavía se encontraba viva. Corrí adentro a telefonear, el voltaje había descendido, el teléfono, propiedad de la celda, todavía era de los de disco, con lo que debería afinar bien para no fallar al meter el dedo. Pero recordé que el número de la Policía era el 060, simple de marcar al tacto contando desde el aro del cero hacia arriba. Me arrepentí nuevamente de mi desidia vieja: jamás había anotado los números de Urgencia, de la Cruz Roja, del Heroico Cuerpo de Bomberos, de la Locatel para emergencias múltiples; tal y como si jamás fuera a pasarme nada, a pasarle a otro, a pasarle a las cosas. Volví a la puerta de entrada bendiciendo el cine por vez primera en mi vida. Antes siempre y en todo momento lo había imprecado: es cosa de tontos ver una escena de amor donde 2 se están besando, donde alguien llora o reje o está lo que sea realizando lo que sea, sabedor uno que tras esa escena hay cámaras, directivos, productores, tomando café o whisky o refrescos y fumando, gente que en tantas ocasiones se enriquecerán con esta escena que después los imbéciles van a ver en el cine, y todavía buena piara va a ser con la capacidad de plañir, reír, consternarse con aquellas situaciones que en tantas ocasiones graban esos con exactamente el mismo propósito con el que un granjero cultiva a los aguacates que va a deber vender. Es una falacia el cine. Como no lo son la novela, el cuento, la poesía: en un caso así, el creador solo está en oposición al lector, es completamente cierto lo que afirma, es cierto, hablamos de opinar o no en la realidad que afirma , no hay cámaras ni esta turba de negociantes por el medio. Pero ninguna novela, poema, cuento, lo entendí en ese momento, podrían enseñarme, con la precisión de una imagen, donde habría que tocar para comprender si un individuo se encontraba viva o fallecida. Las carótidas, en ese punto exacto del cuello, donde comienza la mandíbula. El cine asimismo me había exhibido el riesgo de dejar huellas digitales. Pero si después se armara la sospecha, yo podría mencionarle a la autoridad que había tocado esto para localizar las carótidas, entender si ella se encontraba viva. Pero una cosa era ver en el cine a alguien tocando las carótidas de otro alguien, y otra palparlas uno en directo, en la vida real, sin cámaras ni ensayos, conque el cine me había dado solo un rumbo, una referencia, una imagen : yo no sabía en resumen dónde estaban precisamente las carótidas ni de qué forma deberían latir. Prácticamente a ciegas, desbrocé con bastante trabajo el bulto de harapos y palpé con los 2 dedos mucho más enormes de mis manos por los lados de su cuello, tan frío —sería del frío ámbito, ¿o era un frío que exudaba desde dentro? — y nada late (¿a quién carajo le importarían mis huellas digitales, exactamente las mías, que serían las del auxiliador?). De cualquier modo, si bien estuviese viva, no debía moverla, según las reglas. Conque había perdido unos segundos a fin de que le atendiesen caso de que aún viviese. Mejor llamaba ahora al 060. Pero en el momento en que mis manos salían del bulto de su cuerpo, acompañado de forma arbitraria según me hacía suponer la penumbra, puse la izquierda y después la derecha donde debía estar el corazón, sobre el arranque del seno. Nada latía. Solo frío. Enganché una oreja al sitio donde, en el cálculo, había de estar la boca. No había aliento. Me había asegurado, desplazando de manera lenta la oreja, que de todos modos esta fuera a parar a la boca. La obscuridad tampoco me dejaría ver de manera definida sus ojos.

 

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